No sé si a algunos de vosotros os pasará (supongo que sí), pero a mí me sucede algo muy curioso (o quizá no tanto) con algunas películas: las veo y soy consciente de que no son obras maestras, de que tienen algunos fallos, pero me parecen tan sencillamente brillantes, se me hacen tan de querer, que no puedo ser objetivo del todo con ellas. Eso mismo sentí anoche durante (y después de) el visionado de Buscando a Eric.
Os voy a ser sinceros: no fui al cine a verla en su momento (se estrenó a finales de noviembre) y me arrepiento muchísimo. No la vi en mala calidad, nada de eso: la película habría merecido que pagase la entrada, por eso tendría que haberlo hecho. Al final se me pasaron las fechas y el film desapareció rápidamente de cartelera (como siempre que hay un bombón de estos poco comerciales y que duran tan poco). Al menos, los grandes cines ya no lo tienen en sus taquillas, que yo sepa. Habrá que redimirse comprando el DVD o el BluRay, así de claro.
Y es que Buscando a Eric la iba a tener que ver tarde o temprano, por dos motivos. El primero es que la ha dirigido Ken Loach, ese director británico del que tan bien había oído hablar y del que no había visto nada hasta la fecha. Otro error más en mi cuenta. Según había leído, es un hombre que sabe fotografiar bien la sociedad, concretamente la llamada clase media británica, con sus penurias y singularidades. El film que hoy nos ocupa, aunque aporta un tanto de fantasía y otro tanto de hilaridad, no deja de ser un retrato sobre las personas, especialmente sobre sus miedos y cobardías. Una obra que ensalza los valores del amor, la amistad y la familia.

Así pues, acompañaremos a Eric Bishop (interpretado por un sensacional Steve Evets), un hombre ya en la cincuentena y con problemas psicológicos. Después de un hecho impactante para él (reencontrarse con su primera mujer después de casi 30 años), provoca un accidente de tráfico y es hospitalizado. Una vez recuperado, Eric debe enfrentarse de nuevo a su paupérrima vida, con unos hijos que no le respetan ni le ayudan, una casa patas arriba, un trabajo monótono y la fría sombra de la soledad. Sus amigos intentarán ayudarle, pero alguien distinto será quien más haga por él: Eric Cantona (interpretado por él mismo), su ídolo.
Y ese es el segundo motivo por el cual quería ver la cinta: la aparición (y no sólo como un cameo, sino con el peso de un secundario normal) de Eric Cantona, polémico futbolista francés que destacó en la primera mitad de los 90 con la camiseta del Manchester United. Por mi edad, no le he visto jugar en directo con criterio, pero sí he leído y visto mucho sobre él como para tenerle en muy buena consideración. Todo un ídolo, tan brillante como temperamental (es el de la patada kung fu, busquen ustedes mismos por YouTube).
En el film, como ya he dicho, se interpreta a sí mismo, en forma de visiones del protagonista, un completo fan de Cantona. Sorprende por sus buenas maneras, aunque no es de extrañar: Cantona no hace de nadie salvo de sí mismo, con toda la naturalidad y genio que le caracteriza, incluido su cuello de la camisa alzado xD. No es necesario que os guste el fútbol ni admiréis a este ex-futbolista para gozar de la película, pero es cierto que eso le da un punto adicional. Por supuesto, durante la obra salen algunos de sus goles o jugadas más importantes, aunque se limitan a un par de minutos de metraje y no molestarán a nadie.

Pero si por algo le recomendaría Buscando a Eric a cualquiera es por su guión, a cargo de Paul Laverty, escritor habitual de Ken Loach. Si hay que englobar al film dentro de algo, me atrevería a decir que es una tragicomedia, aunque sin abusar de los momentos excesivamente dramáticos. Lo curioso es que consigue hacernos reír (a menudos) o emocionarnos con naturalidad, sin que nada quede forzado ni sea exagerado, sólo quizá un poco hilarante. Es en esa sencillez donde radica su valor. Si a eso acompañamos unos diálogos excelentes, llenos de reflexiones y frases que se clavan, nos sale un apartado destacable en este sentido.
En resumen, Buscando a Eric cuenta con unos ingredientes envidiables: una actuación principal portentosa, un secundario con un tremendo carisma, un guión maravilloso a la par que natural y un director que sabe lo que hace. Podría haber dicho más sobre el largometraje, pero creo que todos deberíais darle una oportunidad y verlo por vosotros mismos. Es una de esas veces en las que el cine puede ser brillante, a pesar de su sencillez.
Os voy a ser sinceros: no fui al cine a verla en su momento (se estrenó a finales de noviembre) y me arrepiento muchísimo. No la vi en mala calidad, nada de eso: la película habría merecido que pagase la entrada, por eso tendría que haberlo hecho. Al final se me pasaron las fechas y el film desapareció rápidamente de cartelera (como siempre que hay un bombón de estos poco comerciales y que duran tan poco). Al menos, los grandes cines ya no lo tienen en sus taquillas, que yo sepa. Habrá que redimirse comprando el DVD o el BluRay, así de claro.
Y es que Buscando a Eric la iba a tener que ver tarde o temprano, por dos motivos. El primero es que la ha dirigido Ken Loach, ese director británico del que tan bien había oído hablar y del que no había visto nada hasta la fecha. Otro error más en mi cuenta. Según había leído, es un hombre que sabe fotografiar bien la sociedad, concretamente la llamada clase media británica, con sus penurias y singularidades. El film que hoy nos ocupa, aunque aporta un tanto de fantasía y otro tanto de hilaridad, no deja de ser un retrato sobre las personas, especialmente sobre sus miedos y cobardías. Una obra que ensalza los valores del amor, la amistad y la familia.

Así pues, acompañaremos a Eric Bishop (interpretado por un sensacional Steve Evets), un hombre ya en la cincuentena y con problemas psicológicos. Después de un hecho impactante para él (reencontrarse con su primera mujer después de casi 30 años), provoca un accidente de tráfico y es hospitalizado. Una vez recuperado, Eric debe enfrentarse de nuevo a su paupérrima vida, con unos hijos que no le respetan ni le ayudan, una casa patas arriba, un trabajo monótono y la fría sombra de la soledad. Sus amigos intentarán ayudarle, pero alguien distinto será quien más haga por él: Eric Cantona (interpretado por él mismo), su ídolo.
Y ese es el segundo motivo por el cual quería ver la cinta: la aparición (y no sólo como un cameo, sino con el peso de un secundario normal) de Eric Cantona, polémico futbolista francés que destacó en la primera mitad de los 90 con la camiseta del Manchester United. Por mi edad, no le he visto jugar en directo con criterio, pero sí he leído y visto mucho sobre él como para tenerle en muy buena consideración. Todo un ídolo, tan brillante como temperamental (es el de la patada kung fu, busquen ustedes mismos por YouTube).
En el film, como ya he dicho, se interpreta a sí mismo, en forma de visiones del protagonista, un completo fan de Cantona. Sorprende por sus buenas maneras, aunque no es de extrañar: Cantona no hace de nadie salvo de sí mismo, con toda la naturalidad y genio que le caracteriza, incluido su cuello de la camisa alzado xD. No es necesario que os guste el fútbol ni admiréis a este ex-futbolista para gozar de la película, pero es cierto que eso le da un punto adicional. Por supuesto, durante la obra salen algunos de sus goles o jugadas más importantes, aunque se limitan a un par de minutos de metraje y no molestarán a nadie.

Pero si por algo le recomendaría Buscando a Eric a cualquiera es por su guión, a cargo de Paul Laverty, escritor habitual de Ken Loach. Si hay que englobar al film dentro de algo, me atrevería a decir que es una tragicomedia, aunque sin abusar de los momentos excesivamente dramáticos. Lo curioso es que consigue hacernos reír (a menudos) o emocionarnos con naturalidad, sin que nada quede forzado ni sea exagerado, sólo quizá un poco hilarante. Es en esa sencillez donde radica su valor. Si a eso acompañamos unos diálogos excelentes, llenos de reflexiones y frases que se clavan, nos sale un apartado destacable en este sentido.
En resumen, Buscando a Eric cuenta con unos ingredientes envidiables: una actuación principal portentosa, un secundario con un tremendo carisma, un guión maravilloso a la par que natural y un director que sabe lo que hace. Podría haber dicho más sobre el largometraje, pero creo que todos deberíais darle una oportunidad y verlo por vosotros mismos. Es una de esas veces en las que el cine puede ser brillante, a pesar de su sencillez.

5 comentarios:
Pues nos ha pasado lo mismo a los dos, en su momento la dejé pasar y luego, cuando la vi, me arrepentí mucho de no haberlo hecho antes. Sin ser una película grandiosa, sí que es recomendable.
Saludos
Escuché de ella pero al final no le di una oportunidad pero le daré una oportunidad en navidad en cuanto encuentre un hueco :D
Felices fiestas.
@Crowley: Ya te digo, a mí me ha parecido brillante en su sencillez, me ha hecho reír más que muchas comedias y me ha emocionado más que otras historias. Muy recomendable, más si gusta ese fenómeno que es Eric Cantona.
@Onetwothree: Veo que a todos nos pasó más o menos lo mismo xD. Espero que no te arrepientas si le echas un vistazo ;).
Un saludo.
"a película habría merecido que pagase la entrada, por eso tendría que haberlo hecho" Eso en los tiempos que corren ya es decir mucho.
Yo esta pasada semana me ví una película que tenía que haber visto hace mucho mucho tiempo GOOD BYE LENIN. Pequeña pieza maestra también, que no necesita pantalla grande, pero que me dio la misma necesidad de pagarle tributo comprando el dvd o algo así por su grandeza.
Pues no te creas, Good bye, Lenin la vi no hace tanto yo también. Ciertamente, me gustó y tiene aspectos muy positivos, pero no llegó a gustarme tanto como pensaba a priori.
Un saludo.
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